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Algunos de mis recuerdos más primitivos se remontan cerca del año 1970, también como ahora, año de elecciones presidenciales y de mundial de fútbol -coincidencia abstencionista-, las personas mayores comentaban que iba a ganar un tal Rojas Pinilla pero finalmente ganó un tal Pastrana Borrero. Mucho se dijo que manipularon el escrutinio y hablaban de todos esos términos que finalmente hoy en día es consolidado por corrupción. A todos nos enseñaban en la escuela los nombres de estos señores cuya honorabilidad íbamos poniendo en duda a medida que discurría nuestra realidad, cada cuatro años, cada mundial, y uno trataba de cotejar sus discursos recargados de promesas contra las obras realizadas. Nueve o diez presidentes han pasado por mi desgastada memoria y sus promitentes discursos con los que persuadieron a los sufragantes no han cambiado, también se visten igual, se ríen igual (con sólo media risa, los delimitadores de las primaveras) y el sonsonete de sus oratorias es bastante parecido. Pareciera que por los jolgorios de cada mundial, la memoria social le durara al sufragante cuatro años, y entonces reincide en la elección de estos individuos que hacen de este ejercicio un oficio profesional, y la mayoría vuelve a votar bajo las mismas promesas: 9 ó 10 veces han erradicado la pobreza, 9 ó 10 veces han desterrado la corrupción, 9 ó 10 veces han generado más empleo formal, 9 ó 10 veces han derrotado a la delincuencia, 9 ó 10 veces nos han mejorado la calidad de vida, 9 ó 10 veces no han subido impuestos. Estos señores se sitúan en el pensamiento de los desmemoriados y le compran su esperanza con un discurso cargado de sofismas. Un sistema de elección democrático como el nuestro goza de un prestigio general sin objeciones, sin embargo, alrededor de un 30 por ciento de la población que tenemos un voto de opinión, que no queremos ser gobernados por estos individuos, no tenemos alternativa, este sistema nos somete. Si las encuestas no fallan, este domingo la decisión de los electores va a quedar otra vez 7 a 3, otra vez los 3 sometidos a los 7, otro mundial, otro presidente vendepatria que no va a aportar al progreso de un país que podría tener muchísima mejor suerte. Si hacemos la hipótesis que ese 30 por ciento de nuestra población fuésemos dirigidos por los gobernantes que queremos -le llamaríamos Colombia Occidental, por ejemplo, para no llamarle Colombia Verde-, es fácil imaginar que a la vuelta de 20 años nuestra hipotética emergente nación se situaría entre los países de primer nivel de vida, y que los desempleados de aquella vieja Colombia estarían pasándose por el hueco a nuestra nueva Colombia. Prometeríamos no ponerles un muro ni pedirles visa. Esto puede no ser tan hipotético si vemos que no pocos países ya mostraron dicho progreso en poco tiempo.

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