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Espejo

Hace poco en todos los medios resonó la frase “¿usted no sabe quién soy yo?”, asociado al video de un ciudadano cualquiera insultando a la policía, y parece que la intención de los medios era aplicar una “sanción social” al infractor. Me pareció que esa ola indignante, fue más apasionada que consecuente y autocrítica. No se puede negar que aquella escena fue una apología a la prepotencia y la altanería, basada en el poder que supone tener abolengo o dinero, o los dos. Hay recurrentes muestras donde el licor es detonante de los demonios escondidos. Si, los que miran el mugre en ojo ajeno, creo que dicha postura pedante ha calado más allá de lo que lo reconocemos, me atrevería a decir que se ha ganado su lugar en nuestra mismísima cultura, así me señalen ricos y pobres, eruditos e iletrados. Se va formando con cada uno, a medida que se va transitando este entorno clientelista, configurado para que ese facilismo retributivo se eternice, mutación que deja atrás aquella inocencia con que nos soltaron bebés en este mundo. Por antonomasia, este clientelismo es codicioso, porque aunque no todas las veces sea generador de dinero, otras tantas evita gastos o evita perder “valioso tiempo”, y por la una o por la otra vía, se ha diseminado entre las raíces de nuestros valores, y son insuficientes a la hora de adelantarnos la cola, evadir un impuesto, suprimir un comparendo, lograr un subsidio sin méritos… y tantas maniobras más.
Le tocó aquella vez al borrachito Gaviria quedar grabado, pero pudo haber sido cualquiera otro con licor corriendo en su sangre o embebido de ira ciega. Dentro de toda esta explosión mediática desmerecida, se debe reconocer el nuevo papel que ha entrado a tener el recurso del video. Esta comedia no estaría dando tantas vueltas si no hubiera sido grabado. Punto a reconocerle a ésta tecnología, que convierte el video en algo contundente, innegable, de hechos que antes eran inescrupulosamente negados o desestimados dentro del juzgamiento de una conducta.
¿Creemos que una “sanción social” para él sería la divulgación en los medios de comunicación, en horarios y páginas privilegiadas? Por más que sea con intención crítica, el resultado es: celebridad, que puede no ser tan triste en esta sociedad olvidadiza e indolente. A Nicolás Gaviria lo repitieron más que gloriosas gestas deportivas nacionales.
No sería de extrañar que Gaviria intente patentar la frase o que lo veamos en un próximo reality.

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