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IntenetEmancip

Cuando a principios de los 90 escuché hablar del internet, estaba lejos de imaginar lo que vendría después con este desarrollo. Ha traído impactos de diversa índole, lo cual es complejo de sintetizar, también de predecir de aquí a futuro. Conforme pasa el tiempo se van dibujando apreciaciones a su alrededor, una de las que me ocupa hoy es el esperanzador papel emancipador que puede llegar a tener, apalancado en la interminable posibilidad de formación cultural que ofrece, aún con el riesgo de la desinformación que también trafica en esa red libre, aunque para eludir éste riesgo poseemos suficiente capacidad -aunque no siempre la voluntad- de discernimiento. Resultado de esta ecuación de posibilidades debería ser un determinismo contundente de una sociedad aparentemente sedienta de llenar vacíos informativos que otrora eran infranqueables. Vacíos que nos mantenían descontextualizados y que justificaban en parte nuestra paralización, incapaces de cocinar conclusiones colectivas para impulsar ajustes sociales de pequeña o gran dimensión. Sin embargo, los hilos invisibles que nos controlan (“El sistema invisible tendrá su precio, su frontera y tamaño, su analogía, dios le llaman algunos, otros comercio, más para mi es el reino de todavía” Silvio Rodríguez) ya la han infiltrado también y como cualquier otro medio masivo de persuasión y sometimiento conceptual, la están utilizando para los mismos propósitos. Cada uno de nosotros, como ente inteligente y autónomo, tenemos no sólo la posibilidad sino el deber de extraer de ésta herramienta lo mejor que tiene para darnos: la determinación de pensar por sí mismos. Sagazmente los controladores intemporales mantienen sometidos especialmente a la mayoría de nuestros niños y jóvenes en una mermelada sin salida de juegos insulsos y banalidades a través de la red, con lo cual éste sistema invisible sigue como dueño del criterio colectivo, todos consumiendo lo que mande San Mercado, como una pirámide legal y reverenciable. La esperanza emancipadora a la que me refiero es que en un proceso de aprendizaje lo determinante es la actitud del aprendiz más que del educador. Un libro no leído sólo vale lo que pesa. Haciendo valer nuestra potestad intelectual, internet tiene la gran posibilidad de convertirse en la más poderosa herramienta verdaderamente libre y democrática que nos libere de la desigualdad provocada, y como ventana al saber, debe apuntar a convertirse en otro servicio público obligatorio.

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