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Captura de pantalla 2015-04-15 a la(s) 9.06.22

Te has preguntado si lo que te comparten tus seguidores o amigos en redes es una actividad consciente? Si le comentaras a ese remitente más adelante a cerca de lo compartido, quizás no se acuerde. No nos damos cuenta que compartimos más odio que esperanza, gratis e incondicionalmente.
Mucha gente comparte mensajes que no son propios, sin tamizar su contenido, sin ser consecuente, más gotas de bilis que de oxígeno, retocando la sangre, repintando el egoísmo, remarcando fronteras, recordando la muerte, elevando alambradas, como si no tuviéramos suficientes.
Esta conducta se ha ido consolidando, se está convirtiendo en acción reiterativa, un mercado cautivo del que hacen parte todas las gamas del intelecto, cada cual dispara desde su trinchera retrinando lo que engendra su líder, en vez de invertir en desarrollar un pensamiento propio.
Soportados en el semi-anonimato que representa esta forma de manifestación, vendemos barato nuestro perifoneo, nos embadurnamos de irresponsabilidad o la disfrazamos de broma y desperdiciamos toda la potencialidad que tenemos como difusores y también como audiencia constructiva, que pueda progresivamente irradiar bienaventuranza a nuestro alrededor tal como se dispersan las ondas en el agua. Pero estamos eligiendo ser una burbuja más de la espuma pestilente que se disemina entre nosotros como una epidemia entre los enfermos bajos de defensas y entregados mentalmente.
Cada compartir o retrineo de éste talante, es fertilizante de púas para las alambradas que nos limitan, grupos diversos que nos separamos unos de otros, nos quedamos viéndonos paralizados a través de verjas infranqueables, vamos renunciando a la fuerza gravitacional natural de grupos humanos que aunque diferentes, podrían avanzar eficientemente con el progreso como objetivo común.

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