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Trompo

Los activistas del semáforo, de tanto tiempo que llevan ahí, se van volviendo parte del paisaje y del quehacer para los conductores, que es a quienes va dirigida su actividad mendigante, artística o comercial. Para los conductores es sólo mendigante.

Así lo interpreto al llegar en mi transporte masivo a la estación previa al semáforo, porque observo un activista que se acerca entusiasmado a un automóvil cuyo conductor no lo toma en cuenta, ni siquiera lo mira, termina de subir el vidrio automático y arranca. Reparo que el activista del semáforo lleva puesta una camisa blanca con un grabado que dice: “Campeón Nacional de Trompo”. Me tocó esperar otro turno en el semáforo y pude comprobar con gran deleite y admiración que si ese man no era el campeón nacional, era un excampeón o algo parecido, porque trompo, piola y artista se volvieron una sola danza armónica en frente de muchos ojos. Estaban los ojos inmunes a dicha actividad, estaban los ojos admirados como los míos, estaban los ojos de conductores ofuscados por el tráfico, estaban los que valoraban el espectáculo con monedas y los que no. Logré darle algunas monedas a pesar que ellos no esperan que los del masivo les den, ni mi compañero de silla lo esperaba porque me quedó mirando incrédulo y creo que hasta indignado, aunque no me dijo nada finalmente.

Mi compañero indignado y aquel soberbio conductor, y muchos otros, están alineados con aquella campaña institucional anti-mendigos cuyo objetivo es que los ciudadanos no demos limosna para no incentivar la mendicidad. Intención socialmente sana, por el tema de las drogas o las mafias que reclutan mendigos. Sin embargo, no creo que nuestro Campeón de Trompo esté allí por esa situación. Yo no sé si este campeón aprendió el álgebra del colegio o las ecuaciones de la universidad, pero sí comprobé que ha dedicado mucho tiempo para lograr todas las maniobras que pude presenciar, tiene tantas habilidades y talento en su disciplina como lo puede tener mi compañero de silla y el ofuscado conductor, o acaso más. Pero ésta sociedad la hemos ido modelando de tal forma que excluye ciertos talentos que aparentemente no son productivos. Y no se vislumbra solución ni siquiera a mediano plazo.

Los semáforos año tras año van aumentando su población, presidente tras presidente, alcalde tras alcalde, se han transformado en otro indicador de promesas incumplidas. Pero bueno, si un deportista llega a instancias mundialistas sin apoyo del Estado, pueda ser que nuestro Campeón Nacional de Trompo llegue al Circo del Sol, por si solo.

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