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Ninos-jugandoSe me han ido perdiendo con el pasar de los años, escenas de actuaciones sin ningún interés en particular, lo que hacíamos todos, todos los días, quizá fuese que estaba muy niño y era incapaz de notarlo.

Interés, esa es la palabra clave, maldita o bendita. Casi todo lo hacemos por un interés en particular, ese es el entorno que hoy nos envuelve a todos en todo momento, espacio y tiempo virulentos de un interés que no tiene límites, interés en todas las direcciones, inundando hasta los rincones insospechados.

Un ejemplo de este interés, son las intenciones de los poderosos cuando hacen una donación de becas para estudiantes, me parece que pretenden darse un baño de rosas para oler bien ante la opinión baladí que difunden los medios. El dinero que supuestamente regalan, ya no le va a curar a la sociedad esas heridas que ocasionó su atesoramiento, más le habría servido al estudiante “beneficiado” que su padre no hubiese sido despedido de su empleo a causa del enriquecimiento de aquel. Ni siquiera un acto así, de presentación piadosa, se escapa del interés. Me pregunto si lo harían igual aunque no conllevara reducción de impuestos o alguna otra contraprestación. Y los gobiernos también juegan a esto, les interesa este clientelismo; una modalidad de corrupción bien disimulada, un gana gana perfecto cuyo trasfondo es un interés monetario.

Qué nos interesa? Estamos desenfocados, las personas conversamos contando los costosos minutos, cuando comemos nos irrita la factura, nos negamos placeres para que no se nos acabe el dinero y contradictoriamente desdeñamos aquellos placeres gratuitos. Mostramos en cartelera aquellos logros que el entorno nos exige y no los que queremos, medimos el afecto con una cifra, para nosotros no existen los perdidos indigentes ni las personas o cosas que no nos represente un interés ganancioso.

Nunca he escuchado que la meta anual de crecimiento de una multinacional sea de -1%, porque entonces los accionistas perderían el interés, porque tal meta sería indignante para nosotros que vivimos bombardeados de fórmulas exitosas para “crecer” que nos venden en todas las presentaciones, nos inyectan cada día competencias ganadoras para sobresalir a codazos entre los demás. En todas las cosas que la gente se involucra siempre tiene un interés, oculto o expreso, como los bancos, su palabra clave es el interés.

Retomando el inicio de esta nota, voy recordando que aquellos eventos en que me involucraba sin interés, tenía que ver con la descontaminada inocencia de la amistad infantil, de sumergirse en las aguas profundas de la libertad real, de actividades de diversión auténtica e ilimitada, de energía inacabable que impulsaba la sana sorpresa descubridora. Todo bajo la invencible protección de aquel entorno ya lejano, cuyo único interés era nuestro bienestar.

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