Etiquetas

, , , ,

Captura de pantalla 2015-07-30 a la(s) 14.38.01

Soy un ciudadano promedio de esta sociedad latinoamericana bien llamada subdesarrollada. Modernamente, a algunos países se les ha llamado Emergentes, porque dicen que ha venido creciendo su industria, y como resultado, su PIB y el poder adquisitivo de su gente. Me parece más parte de una diplomacia caritativa, que un mérito evidenciable por los ciudadanos.
Cuestionando en busca de por qué seguimos a la retaguardia en el contexto mundial del desarrollo, voy encontrando respuestas en un día cotidiano: consulto la hora en un reloj suizo; contesto un mensaje a través de un celular koreano y una aplicación japonesa; hago una llamada a través de un operador español; consumo gas administrado por una multinacional extranjera; visto camisas y pantalones de marca nacional pero hechas en China; desayuno cereales importados; me transporto en buses de marca sueca; trabajo para una multinacional española; mi principal herramienta de trabajo es un Mac; opero aplicaciones gráficas estadounidenses; subo y bajo el trabajo a través de un servidor en Miami, operado por otra multinacional norteamericana; consulto en un navegador y motor de búsqueda extranjero; saludo a mis familiares a través de aplicaciones de redes sociales desarrolladas en Norteamérica o Europa; casi todas las páginas web con que interactúo son manufacturadas afuera; los sistemas operativos de los computadores son de allá; almuerzo en alguna cadena de restaurantes extranjera; soy hincha de un equipo español y mi compañero de trabajo es hincha de un equipo inglés, compramos las respectivas camisetas originales de marca italiana; las consolas telefónicas del trabajo son foráneas, el proveedor de datos también; al salir del trabajo voy al cine a ver una película extranjera; un amigo me acerca a mi casa en su carro de marca francesa, le suministra combustible en una estación Mobil; en la noche veo comedias extranjeras, de canales extranjeros, en televisores elaborados en China; me sumerjo en juegos de computador, consola o celular, juegos desarrollados afuera y que consumen sin piedad mi tiempo libre; escucho música anglosajona en iPod; sirvo mi comida en una vajilla norteamericana; apago las bombillas led de marca holandesa; y antes de dormir, planifico cómo voy a pagar mis deudas a los bancos extranjeros.
Noam Chomsky dice que los países que dependen de la producción de productos básicos están en franca desventaja. Los países ricos siguen siéndolo porque no comparten con nosotros el conocimiento y la tecnología avanzada, con lo cual nos mantienen absortos con entretenimiento insulso, y dependientes de productos elaborados. Les proveemos productos básicos como alimentos y minerales, que se llevan de nuestro territorio a precios irrisorios. Estamos confinados a producirles la materia prima de su riqueza, lo cual mantiene la balanza comercial desequilibrada, es más lo que les consumimos a ellos, que ellos a nosotros. Somos nosotros los que les estamos generando empleo a ellos.
Si como ciudadano promedio, me es difícil identificar cómo puedo intervenir para que esta balanza se equilibre un poco, debo tener presente que en un sistema consumista, precisamente yo como consumidor, tengo el mandato. Entonces comienzo a notar que para casi todos las actividades mencionadas arriba, existen otras alternativas, a veces no idénticas pero sí equivalentes, incluso saludables y en ocasiones hasta gratuitas, lo cual vigoriza la alternativa.

Anuncios