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Tormenta

He llegado al extremo
de quererte recordar,
de querer utilizarte
como si fueras calmante.

Mi tristeza te llama,
te urge, te delira,
surges de entre la maraña
y te huyen las lágrimas.

Te detienes en frente
y tu inercia me limpia,
cual tempestad de vida,
el rostro de dolores.

Un árbol nos protege
de toda civilización,
y sus hojas secas
se caen para coronarte.

La temblorosa emoción
de horas dilatadas
no detiene la noche
que ya llora estrellas.

Debes volverme
a esta hora la espalda,
y tu viento de partida
de nuevo me salpica el rostro.

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