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EsteAdios

Derritió con fuego sus brazos y me soltó,
solo así podría despedirme para siempre,
un quejido colosal comprimió adentro,
un quejido de muerte, implosión de llanto,
todo lo sentí y no me lo pudo impedir.

Una mirada en diagonal al suelo,
párpados bajando crispados y labios apretados
enmarcaron un chasquido de dolor,
con aroma de adiós, con aroma de amor,
se quiso ir sin borrarme la sonrisa.

Su fortaleza y su debilidad, incompatibles,
rara mezcla hija del socio-ambiente
precipitaron su decisión de vértigo,
un adiós tajante, un adiós de nadie,
de húmedo a recuerdo en un solo instante.

Este adiós que embelleció la despedida,
que se quedó secreto en la piel,
errante en los lugares estremecidos,
este adiós que cerró su puerta,
no logró cerrar la mía, la misma.

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