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MujerAquella teoría atribuida a Goebbels, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, es tristemente aplicable en diversos ámbitos. Hoy me tocó observar uno más, también con víctimas inocentes.
Carmen, una señora que hace aseo, parece contenta, o cuando menos conforme, escuchando y tarareando una canción de una emisora; de lejos aquella voz aguda en radio se me pareció a una voz que me gusta, pero al acercarme a verificar, emergió la desilusión: era una de esas canciones de despecho insoluble. Es lo que ponen en las emisoras. En la gente común se ha encarnado la cultura de escuchar la radio. Y en la radio les repiten esta música, que a mi parecer, obstruye el fluir de un pensamiento libre. Pero Carmen no se da cuenta de esto, y seguramente va a morir sin saber quién fue Noel Nicola, aquella voz que creí escuchar.
Ella, como tantos, va a padecer este oscurantismo deliberado, se va a perder la oportunidad de elegir entre una música y otra, porque sólo tiene oportunidad de escuchar aquella que ponen los medios masivos de comunicación, los mismos que aunque defienden la libertad de expresión, sólo inducen a sus oyentes por ese estrecho camino de subyugación idiosincrásica. Sabemos que la razón por la que los medios lo hacen -como empresas que son- es netamente lucrativa, pero eso es tema para otra tertulia.
Quién es responsable de castrar las posibilidades de crecimiento del universo musical, sensitivo y cultural, no sólo de Carmen, sino de tantos que como ella confían ese matiz de entretenimiento a esas emisoras no consecuentes?
Hay una puerta que no sólo permaneció cerrada para Carmen, también se la hicieron invisible, ella nunca supo que habían otros universos musicales simultáneos a los que tenía derecho a acceder. Quién reclamará por ello?
Y Carmen de tanto escuchar mil veces aquella canción de tema recurrente, terminó por tararearla, porque “es la de moda” o “es la que les gusta a todos”. A dónde se fue su potencial encuentro con Noel Nicola?, y su potencial deleite al escuchar la legendaria “Para una imaginaria María del Carmen”?.
Algo similar me sucede con mi compañera Mariana, que aunque joven, nunca sabrá quién ha sido Silvio Rodríguez ni escuchará su legendaria canción “Y Mariana”.
Eventos como esos me remontan a mis años de evolución juvenil, cuando me sentía segregado por gustarme aquella música extraña para la mayoría. Dejando aparte la responsabilidad que tiene cada uno por su propio crecimiento, no tengo dudas de lo irresponsables que fueron esos medios masivos de comunicación con su monopolio impune por tanto tiempo, cuando me preguntaba por qué en la radio no difundían la música de Pablo Milanés.
Con qué derecho nos negaron el nuestro?. Nadie intercede para que ello no pase. El oscurantismo sistemático continúa a pesar de la irrupción del libertario internet.
Quién va a redimirle ese derecho a las nuevas generaciones de Cármenes y Marianas?. Seguramente que esta impunidad invisible nunca será propuesta para ser debatida en el Congreso, y seguiremos escuchando lo mismo mil veces por la radio.
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