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Captura de pantalla 2015-12-23 a las 2.28.21 p.m.

Algún amanecer, mi tren rutinario
se detuvo en una estación de luz,
descendí y me descubrí sediento,
desnudo de máscaras y velos de tul,
seguro de mi, con un presentimiento
libre de ser sin arrepentimiento.

Era la estación del sol,
era donde estabas tu,
donde reciben las alas los valientes,
era la estrella de los caminantes.

El tren siguió su común horario,
me dejó como un castigado allí,
no supo que se llevaba las plomadas
y la armadura que todos llevan hasta el fin
en el impuesto tren de vida desolada
que les da gratis el camino de la nada.

Se fue la resignación,
ahora veo el cielo azul,
caminando con tu estrella voy sonriendo,
cumpliendo sueños de niño inocente.

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