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Captura de pantalla 2016-02-01 a las 3.44.53 p.m.Hay días en que casi todo coincide, desde levantarse sin despertador hasta no tener que hacer cola donde el médico. Así debería fluir la vida. Es utópico, dirán algunos. Imposible, somos imperfectos, dirán otros. Las dificultades son oportunidades de crecimiento, se escucha a menudo.

Todos hemos tenido un día de felices coincidencias, o cuando menos, momentos o temporadas. No se trata de lo que llaman suerte, ni cadena de favores, ni vaivenes bursátiles. Las felices coincidencias pueden ser construidas por nuestra inteligencia individual al servicio de la colectividad, y lo mejor es que es recíproco.

Si mi basura no va a parar a una alcantarilla, no se inundarán aquellos vecinos; y su inundación no formará un trancón de automóviles; y el trancón no afectará la ruta del bus escolar; y el bus escolar no tomará por otra calle para obstruir el transporte masivo; y el retraso del masivo no ocasionará que yo llegue tarde a mi cita; y por mi puntualidad, mi novia no se enojará; y el bienestar de mi novia me dejará dormir tranquilo; y por dormir bien, me levantaré temprano y alcanzaré  a desayunar; y por desayunar bien, no me toca comprar comida afuera; y no comprar comida en la calle, anula el riesgo de tirar basura al piso; y sin basura en el piso, nunca se taponan las alcantarillas…, la ronda feliz vuelve a empezar. Si se rompe esa mágica articulación, las felices coincidencias empiezan a desaparecer.

No esperemos que esta dinámica sea solamente aleatoria, sino permanente, en la medida que cada uno hace lo acordado -normas, leyes, cultura, costumbres-, los acontecimientos bienaventurados comienzan a ser constantes. Notemos esa contundente diferencia entre tirar la basura a la calle y no tirarla. Somos como un delicado ecosistema, en el que cada acto, por pequeño que sea, afecta al entorno.

Hace poco asistí a una consulta médica, mi doctora estaba resfriada,  y no me atendió con buena disposición. Tal vez su malestar hizo que se levantara tarde, y por eso tal vez le tocó el peor tráfico o chocó su auto. Triste coincidencia, no sólo para ella sino para los pacientes también, que no ocasionamos su resfriado detonador de atrasos. Siendo ella médica, era su deber suprimir su dolencia para empezar el día con felices coincidencias.

Una feliz coincidencia puede producir una boda entre dos enamorados, puede construir un puente para los campesinos, puede lograr un aumento de salario inesperado, puede aprobar una ley justa, puede conseguir un consenso entre enemigos, puede revertir una enfermedad, puede recuperar un bosque, puede hacerme entender una película, puede resolver el dilema de un diseñador o la disyuntiva de un ingeniero, y muchas otras encrucijadas similares.

No creo en la necesaria aparición de dificultades, en cambio sí en la construcción progresiva de una inteligencia cultural.

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