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BrilloLuna

La contención no podía ser tanta,
entonces la sensibilidad se armó,
y en compañía del recuerdo y del amor,
una lágrima recobró la esperanza.

La esperanza de ser y de decir,
de repente salió, y feliz al verme,
la lágrima no paraba de contarme
historias no sospechadas.

De una lágrima encarcelada
en una voluntad renuente,
de la nostalgia enmascarada
por tantas risas libertinas.

De siempre haber reflejado
el frío brillo de la luna,
saliendo de noche pero a solas,
cuando su existir nadie escuchaba.

Perplejo, sólo escuchaba lágrimas
paseando por mejillas de hierro,
descubriendo ya, que era hierro cristal,
quebradizo como toda esa gran celda.

Sintiéndome como un extraño,
no supe decidir a tiempo,
si cerrar mi boca, o correr y abrazar
a aquella mujer gigante.

El retumbar de su puerta inerte,
ocultando tarde su figura,
logró indolentemente
que mis labios se cerraran.

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