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captura-de-pantalla-2016-10-20-a-las-8-23-19-a-mHoy se escucha a muchos exigiendo castigo a las Farc. Seguramente se lo merecen, como lo merecemos casi todos, que hemos permitido arraigar esta cultura del más vivo, esa impune manera de perjudicar a los demás. Y que cuando se dimensiona esa conducta en $, vemos que también es otra forma de crimen de lesa humanidad. Puede ser que las Farc quisieron, con sana intención, rescatar el país de otros más bribones, quizá con el método equivocado.

Serían innumerables las acciones a relacionar, las cuales hacen daño a tu país, a tu región, a tu ciudad, a tu barrio, a tu familia, a tu pareja, a tus hijos, a tu casa, a tu empleador, a tus empleados, al recaudador de tributos, a tu educador, al medio ambiente, a tu mascota, en fin, al otro.

Desde ud. que arroja el chicle al suelo, y le parece una acción insignificante; hasta ud. que evade impuestos aunque entiende que eso significa niños muertos. De norte a sur y de este a oeste del territorio, desde chicos hasta adultos, desde hombres hasta mujeres, desde humildes hasta ricos, hemos permitido que esta cultura déspota sea una matriz de comportamiento, por acción unos y por omisión los demás. Toda una gama tan amplia de responsables y culpabilidades, que no sé quién va a arrojar la primera piedra.

No se acaba ni porque se promueven miles de profesionales de las universidades cada año. Ni porque haya centenares de fundaciones de ayuda al necesitado. Ni porque seamos campeones mundiales en algún deporte. Ni porque USA apoyó el Plan Colombia. Ni porque tuvimos dos presidentes con periodos de ocho años. Ni porque tenemos las mejores fuerzas militares de Sudamérica. Ni porque tenemos la gasolina más costosa de la región. Ni porque tenemos una amplia oferta de congregaciones religiosas domando incautos. Es como si lleváramos  esa disposición dolosa tatuada.

Hace poco escuché al periodista Juan Gossain concluyendo que de tanto vivir en medio del conflicto, hemos perfilado una conducta conflictiva. Ojalá él tenga razón y sea sólo ése el origen de este extravío. A mi me parece más profundo, todo lo recóndito e insondable que encarna la cimentación de una cultura.

En medio de este oscuro firmamento, una esperanza se transfigura en el pero. Un pero solitario. Un pero que quiere tomar a otro de la mano. Tal vez personificado en la jovencita que no le dio pereza viajar hasta otra ciudad para poder votar. Tal vez en el adolescente que aprendió un segundo idioma por sí mismo. Tal vez en el profesor que decidió no emigrar. Tal vez en la siembra de un nuevo árbol. Tal vez en la sonrisa de un bebé aún no engendrado. Tal vez cuando saboreo la mirada de mi enamorada. Es esperanzador entender que aunque el firmamento unos días aparezca nublado, hay la certeza que las estrellas siguen allí.

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